Bienvenidos al juego

Nunca he sido la chica de la mesa del bar, a la que le invitan un trago y conversan con ella toda la noche; al contrario, soy de las invisibles, las que no van a voltear a ver, porque bueno, no tengo el vestido más corto de la fiesta o la belleza extraordinaria que  hipnotiza a todos y tampoco me interesa, siendo francos.



No me considero guapa. Mírame, tengo el cabello siempre enredado, sin peinar. Arrebatado. Cuando despierta de buen humor, se vuelve liso; cuando se anima, se vuelve claro; cuando le vale la vida, lo hace saber a través de sus ondas largas, profundas y discontinuas. Jamás, en mis casi 30 he podido domarlo y pocas ganas tengo de hacerlo ahora.

Piernas de pollo, dedos chuecos, piel amarilla, ojeras de años sin dormir y panza de ratón. ¿Así o más sensual?

Pequeña, petiza. Casi nunca uso maquillaje, ni cremas, ni manicures y por suerte, con las justas de depilo. Me considero minimalista, solo porque es en lo único que encajo, ya que por lo general no me verás ni con aretes, ni collares ni ninguna monería sobre mi piel.

Siempre tengo sueño y hambre (aunque como muy poco o me lleno muy rápido, lo primero que suceda). Casi nunca desayuno, porque, y aunque trato, nunca me despierto temprano. No como fruta, por plena flojera. No hago ejercicios y mucho menos dietas.

Odio los tacos, la ropa apretada, la ropa formal, la ropa que debo usar porque es para mi edad, la ropa IN de la última temporada del año. Prefiero zapatillas, jeans y un polo suelto.

Nunca tengo plata, esta es la regla general de mi vida, siempre ando con las justas, contando monedas, arrastrando los céntimos para la última semana del mes. Todos los inicios del mes, calculo, saco cuentas, estimo que este mes me irá bien, pero nunca pasa, siempre me falta, nunca sobra. Así que, soy mala financista titulada.

Olvidadiza totalmente. Una vez se me olvidó mi nombre, con eso te digo todo. Todo lo malo, lo rochozo, lo “Ala qué salada” me pasa a mí y ya luego te contaré para que te rías un poco, sino nunca acabamos.


Los clowns tienen un dicho: Ríete de ti mismo, si no eres tú, alguien lo hará por ti. Prefiero contarles todos mis defectos, enumerárselos si lo quieren así, para que si algún día me ven en la calle, sepan que no les mentí y no esperen cruzarse con una Crawford mal vestida. Pero así con los mil defectos que tengo, creo yo, tengo algunas virtudes, que poco a poco les contaré. Hay que dejar un poco de expectativa en los ojos, siempre es bueno.

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