knockout

Hola, mi corazón de melón,

Cuando leas esta carta, yo ya estaré lejos. Lamento haberte ahorrado el protocolo de despedidas, pero has de entender que nunca he sido muy razonable en ese aspecto. Tampoco tenía ganas de hacerlo, para serte franca, explicarte mis por qués hubiesen sido en vano si con un abrazo tuyo se iban a deshacer tal papel en agua, por eso no hubo excusas, esta vez.

Pero necesito que sepas que he de amarte hasta el infinito. Fuiste la segunda persona que llegué a amar, sí, suena extraño decirlo, pero llegué a amarte. Creo que alguna vez se me escapó mientras te besaba, espero haber sido lo más cautelosa para que jamás me hayas podido escuchar. Sé que en nuestra extraña relación, eso de amar era lo último que nos podía pasar, pero me pasó y bueno, es lo que hay. Hasta ahora que te escribo, aun siento tu amor flotando entre mis poros y se siente como cuchillos hincando mi pecho.

No, no es que lo quise, aquí, entre nos, has de saber que nunca quise que lo nuestro acabe. Soñaba con tenernos abrazados mientras amanecía, cocinarte, mismo comercial de tele y que todo te parezca delicioso, pasar las tardes caminando y las noches acurrucados mirando series en la televisión. No era la gran vida que alguien se podría imaginar, pero estaba llena del hogar que quería tener a tu lado. Tal vez por eso no me elegiste, puede ser que mis sueños de algo tan cotidiano no te hicieron verme de la forma que yo te veía, pero no te juzgo, el amor no se obliga y el tuyo, amor mío, era limitado.

En todo este tiempo, vida mía, te he dicho cientos de te quieros, te he mandado miles de besos de mariposas y te he dado millones de abrazos, pero ninguno detuvo el eco de mi voz sonando en el vacío de mi corazón. Hubiese sido bueno al menos, de vez en cuando, qué se yo, variar el “yo también” que te arrancaba obligado, por un: ¡hey, yo también te siento, yo también te quiero!, pero nunca pasó o al menos hasta mis oídos no llegaron esas frases y al ser tan recurrentes los ecos de mi voz, tuve que yo misma callarlos.

Hay partes mías que aun debo recoger, antes de que te tropieces y caigas en cuenta que ya me fui, que no tuviste la suficiente valentía (imagino que eso debe ser una gran cualidad en alguien que quiera estar a mi lado, porque veo que sueno muy difícil de amar) de quedarte a mi lado. Debo hacerlo yo, porque no te imagino parado en el dintel de mi casa, diciéndome, oye, olvidaste parte de ti en mi auto, en mi escritorio, tenía un poco de amor tuyo pegado en mi saco y bueno tampoco quiero dejarme regada por todos lados, al menos necesito recoger la dignidad que ya se me acaba.

Hubiese sido bueno haberte quedado conmigo. Hubiese sido precioso que te hubieras atrevido a amarme. Hubiese sido maravilloso que me enseñes que estaba equivocada y que si me amabas, solo que todo se queda en hubiese... y de lo mucho que llegué a aprender de ti es que los hubiesen no existen.


Lo que me reconforta de toda esta historia es que sí fui capaz de quererte empezando por tus manías a admirarte como si fueras mi héroe, mi galán de galán, el amor perdido de mi vida. Y me reconforta porque si sacamos cuentas sabrás que perdí rotundamente, me diste tremendo knockout que ya sabrás quién se llevó el trofeo. Sabes totalmente que si me pidieses otra pelea, aun tendría ganas de un segundo round. Aunque para que suceda eso, habrías tenido que decidir unirte al ring y sé que para ti eso sería imposible.

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