Canela

Estamos en alguna parte de Lima. Es de noche. Es un día de semana, también puede ser un domingo, la cuestión es que hay casi nada de gente en las calles, es extraño, lo sé, pero bueno, a veces los planetas, el destino y los chacras confabulan en secreto.

Has frenado suavemente el motor del carro y, sin quitar tus dedos del freno de mano, te acercas y me das un beso, pero no es uno cualquiera, es de los que sabes que me gustan: largos, profundos y juguetones. Mientras lo haces, deslizas una de tus manos a liberarme del cinturón y con la otra, me jalas hacia tu cuerpo. No sé cómo pero en estos momentos estoy encima de ti. Mis manos no dejan de acariciarte el cuello. El asiento retrocede. Cuelgo uno de mis muslos en el espacio que se libera y el otro se hunde entre tus piernas.

Tu mano izquierda guía mis caderas en círculos imaginarios a tu alrededor; con la derecha, liberas mis senos del vestido azul que llevo puesto. Empiezas a rozarlos con fuerza. Agachas la cabeza y los acaricias con la punta fría de tu nariz, ellos reaccionan a ti y se abren a tu tacto como flores en primavera. Has empezado a bordearlos con tus labios, hasta que tu lengua aparece como invitada al festín, como nueva integrante, salta de arriba hacia abajo, saludando a mis aureolas, hasta que desaparecen en el interior de tu boca. Yo te ayudo, bajándome más el vestido, abultándolos más para ti.

Mis manos frotan con furia tu pecho y el calor de tus besos hace que se deslicen hasta lo duro de tu entrepierna, pero la tela de tu Jean no me deja contemplarlo bien. Te desabrocho la correa, te abro el botón, te bajo el cierre y lo busco entre telas calientes hasta sentir su humedad, su piel, su dureza. 
Quiero que siga así. Poso algunos dedos míos entre nuestras bocas, hasta empaparlos y los bajo a tu bálame, mezclando nuestra saliva con tus fluidos. Ahora está más duro y yo, me mojo más.

Mi cuerpo se mueve por inercia.

Me palpas allá abajo y con un leve movimiento, te introduces en mi. Ahora subo y bajo rítmicamente, mientras respiras en mi boca, en mi cuello, en mi pecho. Tus dedos aprietan mis caderas hacia tus muslos y yo, me tengo que sujetar de la cabecera del asiento para sentir que seguimos en la tierra.

Lanzó mi pecho hacia atrás, hasta toparme con el timón y tú me jalas con más fuerza. Me toco el sexo y me haces tocarte sin haberlo pensado. Jugar con tus vellos desordenados. Tocar tu sudor, tu dureza, mis flujos. Coges mi mano y la posas para que juegue también con los vellos de tu pierna.

- Vente conmigo - jadeas y yo, como buena chica, lo hago.

Gimo y me vengo mientras tú, apretando los ojos, mordiéndote los labios, me penetras con furia, hasta que de pronto, te quedas inmóvil. Las yemas de tus dejos se adentran en mis huesos. Sentimos como tu orgasmo hincha las venas de tu miembro y, finalmente, descansa en mi.

Nos quedamos en silencio, sintiendo cómo nuestros latidos dejan de apuñalarnos los corazones, escuchando caer las gotas de nuestro sudor en el asiento de cuero.

Tienes el rostro empapado y yo, el cabello pegado en mis labios. Mi vestido está totalmente arrugado. Tu pantalón es un pantano. El carro huele totalmente a sexo, nuestros dedos, labios, y aliento saben a el.

Muevo mi torso hacia el tuyo y me besas los labios suavemente, mientras me salgo de ti, tratando de calmar el temblor de mis piernas. Me siento a tu lado, casi rozando tus rodillas, oculto mis senos y limpio mi rostro en tu camisa sudorosa. Me acomodo la falda y regreso a mi asiento, mientras busco en la guantera el polo que siempre guardas, por si algún día se te antoja ir a jugar futbol con tus amigos.

Cuando termino de arreglarme el cabello, ya terminaste de subirte el cierre. Al sonido del click de mi cinturón, arrancas el carro. Ninguno de los dos abre las ventanas, queremos terminar de respirar olor de nuestros sexos extasiados. Avanzas lento, mientras me besas los nudillos y calmas el temblor de tus manos.


Si te lo digo ahora, como te lo dije hace ya un tiempo, cuando tus ojos se pusieron negros profundos mientras te besaba y contaba que moría de ganas porque me hagas el amor en el carro, ¿también cumplirás mi deseo de hacerme el amor en una tina llena de burbujas?

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